- Basta de tuitear fotos de gatos.
- Ponga fotos de su cara cada semana para no tener que estar bajando en la galería hasta poder encontrar su cara de imbécil y poder amarrarla mentalmente al mismo comentario que me mandó a buscar su cara en primer lugar.
- No ponga metáforas o similares, son pajasos del intelecto (Ya lo sé, eso también es una metáfora).
- Si se pelea con alguien, no ande agregando a otros a su pelea porque, igual que en la vida real, lo van a dejar solo, como borracho belicoso.
- Twitter odia a Instagram, no intente ni sentarlos juntos.
- No le ande chismoseando cosas ni al Presidente ni al Alcalde.
- Los selfies son para Instagram (regrese al punto 4)
- No de pésames en Twitter, para eso está Facebook.
- Si tuitea sobre moral y buenas costumbres, procure que su avatar no sea un escote.
- Deje de recordarle a algún famoso el hecho de que no le ha contestado una mención. Usted es, literalmente, uno en un millón.
A los viejos amigos que el Rock me regaló. "Como una patada en los huevos...", "Tiene punch...", "Es ácido..." cada vez que leo críticas de álbumes de Rock, abundan los adjetivos bruscos, las figuras violentas. Porque el Rock es música así, transgresora, atrevida, que si no te hace sentir golpeado, como que no cumplió su objetivo. Y por eso es que uno, cuando es adolescente, se deja seducir por él. Porque solo el Rock puede entenderte cuando te putean, cuando no te quieren, cuando pegas y cuando te pegan, cuando despertaste en la vereda del garaje del tipo que quiso llegar temprano a su trabajo, cuando te cogieron por consumo y al rato te aflojaron por chiro , cuando te joden por el pelo largo y luego te ponen apodos cuando te rapas, cuando no quieres bailar en las fiestas, en fin, cuando eres adolescente. Y digo que te dejas seducir, porque tú no escogiste al Rock, el Rock te escogió a ti. Y por eso es importante el Rock para pasar esos mal...







