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Murió Alberto


Fue una de esas tardes frías y tristes. De esas que disfruto, porque tienden al silencio. Esta vez, venía acompañada de una mala noticia.  Se murió Juan Gabriel.  Y dentro de todo, no dejo de pensar que me suena bien, en este caso, decir "se murió". Suena como que fue una decisión. Que fue él quien tuvo ganas de irse. Y que, aunque le da pena, como pasa en sus canciones, igual se fue.

No sé cuál de las leyes de la genética puede explicar este lazo que hay con la música de Juan Gabriel, pero es una realidad que, en cualquier lugar en que estemos reunidos un grupo de latinoamericanos, apenas salta una canción de él, la mayoría empezamos a tararear, y la melodía nos invade a nivel celular.  Es la definición de la música popular.  La conocemos sin saber que la conocemos, ni cuánto, ni desde cuándo, ni porqué. Solamente está.

Juan Gabriel retrata el sufrimiento y logra darle un aire de triunfo, cosa que mucha gente le critica, pero yo creo que, más allá de perpetuar una idea, solamente es un reflejo, y de ahí la comunión estrecha con quienes le escuchan. Sus presentaciones caminaron entre la demagogia y la virtud, y siempre fueron la vitrina perfecta para su talento.  Incluso la crítica intelectual, que intentó opacarlo ferozmente, fue reducida a punta de voz y aplausos, y esa lucha constante se vio retratada en los momentos previos al concierto en el Palacio de Bellas Artes de 1990, que es, para quien esto escribe, uno de esos poquísimos momentos donde se conjugaron casi perfectamente la composición y la interpretación en un escenario listo para consagrar a un artista.

Aunque no fue muy abierto a dar entrevistas, cuando accedió a alguna de ellas, nos permitió conocer algunos detalles de su vida, que contaba con una sencillez y seguridad, no muy comunes en los artistas, y más allá de las polémicas y los lugares comunes, una gran lección que podemos sacar de esta vida, es que uno debe hacer lo mejor que pueda con lo que tiene a mano. El sufrimiento, hay que dejarlo para las canciones, el resto es búsqueda.

A pesar de todo,  a mi me rompe un poco el alma, saber que este señor, no pudo ser plenamente feliz, amando a su manera, sin hacerle daño a nadie. Y así como él, hay tantos, que se vuelven objetos de nuestras crueldades, de nuestros disparos, de nuestros golpes.  Que mueren escondidos y se apagan con sus sentimientos marchitos.  El miedo es un arma poderosa.

Espero estar equivocado, y que pudo ser feliz en sus términos, que las canciones se llevaron el sufrimiento, y que el resto fue encontrarse.

De algo sí estoy seguro, y la radio me lo confirma, Juan Gabriel sigue vivo.

Murió Alberto.

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